Una nueva combinación de dos fármacos contra el VIH iguala la eficacia de la clásica triple terapia antirretroviral
02/03/2026
Disponer de alternativas con menos fármacos puede reducir la exposición acumulada a medicación a lo largo de la vida y ofrece nuevas opciones en caso de resistencias o intolerancias a los inhibidores de la integrasa.
Hace solo unas décadas, el envejecimiento de las personas con VIH era impensable. Hoy, con una esperanza de vida similar a la de la población general, el nuevo reto es minimizar el impacto del tratamiento crónico, mientras la investigación continúa avanzando hacia una cura. En este contexto, la revista The Lancet HIV publica los resultados de un ensayo clínico internacional de fase 3 que demuestra, por primera vez, que una combinación de solo dos fármacos antivirales —doravirina e islatravir— que no pertenecen a la familia de los inhibidores de la integrasa puede ser tan eficaz y segura como la triple terapia más utilizada como tratamiento inicial, que sí incluye esta familia de fármacos.
El estudio, liderado por el Hospital Universitario de Bonn y la compañía Merck, ha contado con la participación del Dr. Roger Paredes, director científico de la Fundación Lucha contra las Infecciones, investigador principal de IrsiCaixa —centro impulsado conjuntamente por la Fundación “la Caixa” y el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya—, y jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol. “Este estudio permite estrategias terapéuticas más simples, con menos fármacos pero con la misma eficacia virológica, y también ofrece alternativas en caso de resistencias a los inhibidores de la integrasa”, destaca Paredes.
El ensayo incluyó a 756 personas con VIH que iniciaban su primer tratamiento tras el diagnóstico. La mitad recibió la combinación de doravirina e islatravir, mientras que la otra mitad recibió una triple terapia basada en bictegravir, emtricitabina y tenofovir alafenamida, uno de los regímenes estándar administrados actualmente.
Tras un año de seguimiento, cerca del 90% de los participantes de ambos grupos lograron tener el virus indetectable en sangre. También se observó una recuperación comparable de las células CD4 del sistema inmunitario, normalmente dañadas por el VIH. Además, los resultados se mantuvieron de forma consistente independientemente de la carga viral inicial, el estado inmunitario o la presencia de mutaciones asociadas a resistencias que presentaban las personas participantes. “La combinación de dos fármacos ha demostrado una solidez comparable a la terapia triple en perfiles clínicos muy diversos”, subraya Paredes.
Actualmente, la mayoría de los tratamientos iniciales recomendados incluyen inhibidores de la integrasa. Aunque ya existen algunas dobles terapias, también se basan habitualmente en esta familia de fármacos. Reducir el número de medicamentos puede contribuir a disminuir la exposición acumulada a lo largo de la vida y, potencialmente, minimizar efectos adversos a largo plazo o interacciones con otros tratamientos. Además, disponer de opciones que no dependan de los inhibidores de la integrasa amplía el abanico terapéutico en caso de resistencias o intolerancias.
Los resultados también refuerzan el desarrollo futuro de estrategias con fármacos de larga duración. “El islatravir es un compuesto muy potente y con actividad prolongada, lo que podría facilitar, en el futuro, pautas de administración más espaciadas, como la administración de un comprimido a la semana o una inyección subcutánea cada seis meses”, apunta Paredes.
En conjunto, el estudio consolida el camino hacia tratamientos contra el VIH más simples, flexibles y personalizados, manteniendo la capacidad de controlar el virus de manera sostenida y segura a lo largo del tiempo.
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