Cartografiada en los ganglios linfáticos la interacción del VIH con los fármacos antirretrovirales
09/10/2026
Los tratamientos antirretrovirales han transformado el VIH en una infección crónica controlable. Entre las opciones disponibles se encuentra la terapia dual basada en dolutegravir y lamivudina, que ha demostrado ser muy eficaz para mantener la carga viral indetectable en la sangre. Sin embargo, el hecho de que el VIH esté controlado en la sangre no significa que haya desaparecido del cuerpo: permanece en ciertas células formando lo que se conoce como el reservorio viral, y los ganglios linfáticos, centros de control del sistema inmunitario, son uno de los principales tejidos donde estas células pueden persistir. Ahora, los resultados de un ensayo clínico publicado en la revista Nature Communications y coordinado por IrsiCaixa –centro impulsado conjuntamente por la Fundación ”la Caixa” y el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya– y la Fundación Lucha contra las Infecciones, y en colaboración con la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y el Vaccine and Gene Therapy Institute en EEU, demuestran que la combinación de dolutegravir y lamivudina no solo llega a los ganglios linfáticos y se distribuye eficientemente en las zonas donde predominan las células infectadas por el virus, sino que también logra reducir rápidamente el reservorio de VIH durante el primer año de tratamiento.
«Los ganglios linfáticos tienen una arquitectura muy compleja y no basta con saber la cantidad de fármaco que llega al tejido: es necesario saber dónde se distribuye y si llega a las zonas donde se encuentran las células infectadas por VIH. Para responder a esta pregunta, hemos utilizado, por primera vez en humanos, técnicas de imagen espacial que nos permiten observar esta relación entre fármacos y células infectadas directamente dentro del ganglio linfático humano», explica el colíder del estudio Javier Martínez-Picado, líder de grupo en IrsiCaixa e investigador ICREA.
El equipo analizó muestras de ganglios linfáticos de 39 personas con VIH que nunca habían recibido tratamiento antirretroviral. Tras iniciar el tratamiento, las células ganglionares que contenían material genético del VIH disminuyeron rápidamente en ambos grupos: tanto en aquellos que recibieron la terapia dual (dolutegravir y lamivudina) como la triple (dolutegravir, emtricitabina y tenofovir alafenamida). Tras un año después de iniciar el tratamiento, ambas terapias se asociaron con una reducción sustancial del material genético del VIH en los ganglios linfáticos, y los niveles de reservorio fueron del mismo orden de magnitud en ambos grupos.
Medir la cantidad de fármaco en un tejido no nos permite saber exactamente dónde se encuentra ni cómo se relaciona con las células infectadas. Para abordar este problema, el equipo combinó técnicas de imagen espacial –concretamente, microscopía confocal del material genético del VIH y espectrometría de masas de moléculas químicas– para visualizar la distribución simultánea de virus y fármacos directamente en secciones de tejido ganglionar. Este enfoque permitió observar que el dolutegravir y la lamivudina se encontraban principalmente en las zonas donde se concentran los linfocitos T, las células objetivo del VIH.
«Lo más interesante de este enfoque es que podemos estudiar simultáneamente dónde se encuentra el VIH y dónde llegan los fármacos dentro de la arquitectura del ganglio linfático. Esto nos permite entender mejor si existe exposición a antirretrovirales en el entorno de las células infectadas y cómo el propio tejido puede influir en la distribución de los tratamientos», comenta el colíder del estudio José Moltó, médico e investigador de la Fundación Lucha contra las Infecciones.
La principal contribución del estudio va más allá de demostrar que los fármacos llegan al ganglio linfático. La combinación de las técnicas utilizadas permite relacionar, en la misma muestra, tres elementos que hasta ahora eran difíciles de estudiar juntos: dónde persiste el VIH, dónde llegan los antirretrovirales y cómo se organiza el tejido que los rodea.
Esta información puede ser especialmente relevante para entender por qué algunos tejidos favorecen la persistencia del VIH y cómo factores específicos en su arquitectura, como la fibrosis, pueden influir en la distribución de fármacos.
El ensayo clínico es el primero en integrar longitudinalmente la imagen espacial de antirretrovirales con el análisis del reservorio de VIH en ganglios linfáticos humanos durante el primer año de tratamiento. Por tanto, los resultados ofrecen una nueva perspectiva para estudiar la persistencia del VIH en los tejidos y podrían contribuir al desarrollo de futuras estrategias dirigidas a los reservorios virales, un aspecto clave en la investigación para lograr la remisión y curación del VIH.
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