Sarampión: ¿qué es, qué síntomas provoca y cómo se puede prevenir?
16/10/2026
El aumento de los casos de sarampión en Estados Unidos vuelve a poner el foco en una enfermedad altamente contagiosa que se puede prevenir mediante la vacunación. Conocer sus síntomas y comprobar que tenemos la pauta vacunal adecuada es clave para evitar nuevos contagios.
Los últimos datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) muestran un importante aumento del sarampión en Estados Unidos. Hasta el 1 de octubre de 2026 se habían notificado 3.887 casos confirmados, el 95% de los cuales estaban asociados a brotes. Durante todo 2025, se habían registrado 2.289.
Esta situación vuelve a poner de actualidad una infección que, aunque se puede prevenir mediante la vacunación, continúa circulando por todo el mundo. En Cataluña, las autoridades sanitarias también han advertido de que el aumento de casos a escala global puede favorecer la llegada de casos importados y provocar contagios entre personas no vacunadas.
El sarampión es una enfermedad vírica aguda y altamente contagiosa que afecta principalmente a las vías respiratorias y se caracteriza por la aparición de una erupción rojiza en la piel que puede extenderse por todo el cuerpo.
Se transmite habitualmente por el aire a través de microgotas nasales o de la saliva de una persona afectada y es una de las enfermedades que se transmiten con mayor facilidad.
El período de incubación puede variar entre los 7 y los 21 días, aunque habitualmente transcurren unos 14 días desde la exposición hasta la aparición de la erupción. Una persona con sarampión puede ser contagiosa desde unos cuatro días antes hasta cuatro días después de la aparición de la erupción.
Los primeros síntomas pueden recordar a los de un resfriado o de otra infección respiratoria. Habitualmente pueden aparecer:
Al cabo de unos días aparece la erupción rojiza característica del sarampión, que suele comenzar en la cabeza, especialmente detrás de las orejas, y progresivamente se extiende al resto del cuerpo.
Aunque a veces se puede percibir como una enfermedad propia de la infancia, el sarampión puede provocar complicaciones especialmente graves en niños y adultos, como otitis, neumonía o encefalitis.
La vacunación es la medida preventiva más eficaz contra el sarampión. En Cataluña, la vacuna se administra en el marco de la vacuna triple vírica, que protege contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis.
El calendario de vacunaciones sistemáticas de Cataluña establece la administración de la vacuna contra el sarampión a los 12 meses y a los 3 años de edad. Las autoridades sanitarias también recomiendan vacunar a las personas adultas que no estén inmunizadas, es decir, que no hayan sido vacunadas o que no hayan desarrollado una buena respuesta a la vacuna.
En casos de personas vulnerables (lactantes, mujeres embarazadas y pacientes muy inmunocomprometidos) existe la profilaxis con inmunoglobulina específica en casos de contacto estrecho con un caso confirmado. En estos casos, la inmunoglobulina debe administrarse lo antes posible dentro de los 6 días posteriores a la exposición.
La vacunación no solo contribuye a proteger a la persona vacunada, sino que es fundamental para dificultar la circulación del virus y evitar la aparición de nuevos brotes.
De hecho, gracias a la vacunación y a los esfuerzos para interrumpir la transmisión autóctona del virus, Cataluña declaró eliminada esta transmisión en el año 2000. Sin embargo, el aumento actual de casos a escala global hace necesario mantener unas coberturas vacunales adecuadas y detectar a las personas que no están correctamente vacunadas o que no han desarrollado una buena respuesta a la vacuna.
Los brotes actuales recuerdan que el sarampión no ha desaparecido. Mientras el virus continúe circulando en diferentes partes del mundo, una persona no protegida puede contraer la enfermedad y favorecer nuevas cadenas de transmisión.
Por ello, ante cualquier duda sobre el estado vacunal, es recomendable consultar a los profesionales sanitarios y comprobar si se dispone de la pauta adecuada. La prevención y la vacunación continúan siendo las principales herramientas para evitar que una infección prevenible vuelva a ganar terreno.
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